
Bertha Blythe.
Historia.
Cuentan que fue la Luna la que una noche, tomó los rayos del sol y formó su cabello, que cogió sus estrellas favoritas y las plasmó en su piel, que su esencia la hizo mujer y de ahí nació Bertha Baudin.
Fue la tercera mañana de marzo cuando el llanto de la niña explotó de su pecho, y una familia de origen judío de Vallenevado celebró el nacimiento de su primera hija.
Fue en luna llena, con el Rosh Jodesh, cuando las mujeres estudiaban, cuando las mujeres conectaban con la luna, según la tradición judía.
La infancia de la joven Bertha estuvo llena de felicidad, sus padres granjeros de profesión le enseñaron la vida del campo, a entender la tierra, a comprender cada grieta del suelo y que estaban ahí por algo, que era una señal, como cuando del suelo emanaban los frutos, como del cielo caía la lluvia.
Todo era una explicación de la naturaleza que debía seguir su curso, que debía entenderse con el tiempo.
Se convirtió en una mujer estudiosa de su religión y aunque no siempre se podía cumplir todos los pasos que indicaba su Adonai, se hizo conocedora de aquello y conntinuó con sus costumbres.
Las cosechas no siempre fueron buenas, el matrimonio Baudin tuvo que vender sus dos caballos a cambio de continuar con una vida familiar y el mantenimiento de la misma con normalidad.
Cuando Bertha cumplió diecisiete años la vida en la granja se había vuelto muchísimo más difícil de lo que pudieran soportar las rachas, así que casaron a la joven con Moshe Blythe, un joven judío de Villa perico, cuya familia tenía una gran familiaridad con la de la pelirroja.
Fue un acuerdo, más que un matrimonio para las familias, ambos formarían su propia familia, su negocio y su granja.
Así Bertha jamás dependería de sus padres estos podrían permitirse una vida más descansada.
Moshe era un hombre delgado, delicado y enfermizo, a los cinco años de aquel matrimonio en villa perico, enfermó tanto que tuvo que estar casi dos meses en cama, sin poder moverse.
Siempre se lamentaron de no ser un matrimonio sano como para traer hijos al mundo y concebir felicidad suficiente para su granja.
Durante los siguientes años, fue Bertha la que se hizo cargo de la granja y sus beneficios, también de sus trueques y sus cambios.
Moshe murió a la edad de veintinueve años, dejando una viuda de veintisiete años al cuidado de una granja y su mantenimiento en solitario.
Pasaría un año hasta que Bertha pudiera deshacerse del ritual funerario como dictaba la tradición, aunque aún mantenía recogido su cabello en pañuelos negros, y su ropa reglamentariamente tenía que ser oscura.
Aún sigue siendo una joven risueña, cree haber nacido para el campo y su trabajo, a pesar de ser una gran artista con el pincel y hacer retratos preciosos, lo deja como un misterio de su vida que no debe ver la luz.